Dulce de leche. Relato de Ajax Pino.

Dulce de Leche

Estaba apesadumbrado, hacia un día gris, pesado, estúpido. Mi mente estaba absolutamente obstruida, negada. Mi oficina / apartamento olía a rayos y estaba desordenada, hacía tres años que había alquilado esa “cutre” oficina, y lo último que recuerdo que limpié fue el rótulo de la puerta de entrada, donde discretamente estaba grabado mi nombre y mi actividad: “Esteban Caparrós - Investigador privado”.

Dulce de Leche 1

Mientras hacía cálculos del tiempo que no barría, ni quitaba el polvo, llamaron a la puerta, pasé de levantarme, me dolía la espalda de la mala postura que había adoptado durmiendo en el sofá. En mi habitación, la vieja prostituta roncaba dulcemente, parecía no haber usado una cama para dormir desde hacia siglos, volvieron a llamar, ––¡Que pesados!–– pensé.

Dulce de Leche 2

Fue la vieja dama quien abrió, como un torbellino, casi tumbando a la viejecita, una esbelta mujer irrumpió en mi salón. Ni se dio cuenta de que yo estaba en calzoncillos, y que estos estaban rotos. Con la mirada perdida en la pared, y con evidente nerviosismo soltó ––He perdido mi "Dulce de leche".–– La miré, tenia el cabello o­ndulado, largo, un poco recogido por los lados, sus ojos color castaño delataban una belleza poco usual. Sus labios, finos, quedaron entreabiertos. Su nariz, un poco respingona, me señalaba deliciosamente.

–– ¿Un dulce de leche?–– pregunté extrañado.

––No, "Mi Dulce de leche"–– corrigió ella. ––DULCEDELECHE es el Nick del hombre con quien me iba a casar. Hace dos semanas desapareció del chat, y no he vuelto a saber de él.–– agregó.

––¿Y en que le puedo ayudar?–– proseguí.

––¡Encuéntrelo!–– exigió, sin dejar de mirar la pared.

La pública dama, se paró a su lado, por un mimetismo incomprensible adopto su misma postura, y dejó perder la mirada en el mismo rincón de pared. El contraste entre ambas era evidente. La puerta del apartamento y oficina había quedado abierta. Rosy, mi joven y extraña vecina, se coló en el salón sin avisar, iba con la azucarera vacía en la mano, pero su mirada, sorprendentemente, se perdió también en la misma área de pared. ––¿Qué tenia aquel muro que no tuviera yo?–– pensé. Entonces vi que mis calzoncillos dejaban escapar aquello que debían haber sujetado. Me vestí nerviosamente, ruborizado ––una erección matinal era natural en un hombre de mi edad–– me dije a mí mismo para tranquilizarme.

––¿Tienes azúcar?–– Pregunto Rosy, rompiendo el hielo.

––¿Otra vez?–– dije.

––¿Te molesta?–– dijo ella con su grave voz y amoroso acento argentino.

––No, no me molesta. Simplemente me sorprende–– dije yo con mi seco castellano.

––Es que hago dulces y utilizo mucho azúcar––

––¿Y te los comes todos tu?–– le pregunté medio en broma.

––No, los hago para mi abuelo––

Dulce de Leche 3

Su abuelo era un entrañable señor que se había hecho cargo de Rosy desde muy pequeña, sus padres murieron, cuando ella tenia sólo seis años. Rosy y su abuelo se trasladaron a España por temas económicos. Él era un hombre simpático, extrovertido, viudo desde nadie sabe cuando, y curiosamente nunca le habíamos visto con ninguna mujer. Rosy tenía ademanes extremadamente femeninos, pese a que sus formas no lo eran tanto.

––Y ¿Tantos dulces come?

Rosy rompió a llorar desconsoladamente, me acerqué a ella, sentí deseos de abrazarla, la abracé, y entre sollozos dijo ––mi abuelo va a morirse, tiene cáncer, le han dado tres meses de vida–– La abracé con más ternura aún, no sabía que decir.

––¿Cuánto tiempo hace que lo sabes?–– Finalmente pregunté.

––Unos tres meses–– dijo ella

––¿Y no se puede hacer nada ya?––

––No–– replicó ella ––el muy canalla se lo tenía callado.

––¿Sabes?–– dijo ella, entre las risas y lloros que provocan la acceptación de la tragédia y el último atisbo de esperanza ––Últimamente no come más que dulces de leche––

Noté como el cuerpo de la mujer esbelta se tensaba. El silenció se hizo muy denso, terrible.

––¿Que he dicho?–– Se extraño Rosy

––¡Dulce de leche!–– gritó la esbelta mujer, mascullando sus palabras.

––¡Rosy!–– gritaron, ahora desde fuera.

Era el abuelo que en ese momento entraba también en mi casa.

––¡Estoy aquí!–– voceó Rosy

La esbelta mujer miraba con intensidad al pobre anciano, el hombre estaba pálido, tuvo que sentarse, le faltaba la respiración, parecía haber visto un fantasma. La vieja dama lo miró con ternura y rápidamente lo atendió.

Dulce de Leche 4

––Ricardo–– llamo Rosy a su abuelo ––Ya te dije que esto de Internet no podía sentarte bien. Te pasas todo el día chateando y escribiendo "e-mail"–– El venerable señor se encogió de espaldas y esbozo una pícara sonrisa. Ahora la que estaba pálida, era la esbelta mujer, y la que miraba con intensidad al abuelo era la vieja dama. La ternura estaba en la voz y en los gestos de Rosy. Yo empezaba a estar mosqueado, allí había un embrollo mucho cuidado y ya era hora de aclararlo todo. Tuve una intuición. Aquello debía estar relacionado con los malditos CHAT.

––A ver... ¿Quien de aquí chatea?–– Pregunté con autoridad.

Uno a uno, todos se fueron confesando aficionados al chat, incluso la vieja dama. A pesar de mi perplejidad, agarré el bloc de "Pos-it" y unos cuantos lápices y los fui repartiendo a cada persona de las allí presentes.

––Escriban en el papel los NICK y el área de CHAT que utiliza cada uno–– Ordené.

Recogí los pequeños papeles, todos me miraban expectantes, me sentí poderoso, como si tuviera una parte de sus vidas en mis manos…

Aquello era curiosísimo, cuatro personas que chateaban la misma área de CHAT y sólo dos NICK distintos. Leí lo escrito en los cuatro papeles en voz alta

––BELLADAMA, DULCEDELECHE, DULCEDELECHE, BELLADAMA

Todos se miraron fijamente unos a otros, la tensión crecía por momentos, nadie se atrevía a abrir la boca, nadie se atrevía a respirar. Dirigiéndome a la esbelta mujer dije ––Debo suponer que usted se identifica como BELLADAMA ¿Es cierto?–– Ella asintió, casi con vergüenza. Mi mirada se dirigió ahora, hacía Rosy, ella la sostuvo dignamente, cambié y miré a la vieja dama…

Se vino abajo ––Yo también soy BELLADAMA–– confesó en voz muy baja.

Dulce de leche 5

––¿Y desde donde chateas?–– Inquirí mosqueado.

Con un gesto avergonzado señaló mi ordenador…

––¿Que estaba pasando allí?–– me angustié.

La vieja dama y Ricardo se miraron tiernamente, con complicidad, se dieron la mano y eso les llevo al beso.

La esbelta mujer hurgaba con la mirada los ojos de Rosy, esta, ni se perturbaba. Rosy seguía con su ademan de mujer fatal, tierna y dura, y no sé que extraño poder tenía, pero cada vez me atraía más…

––Cuando chateo–– comenzó a explicarse Rosy ––siempre hablo de trapitos y maquillajes–– nunca he hablado de nada más. La esbelta mujer estaba ahora furiosa, encendida, roja, parecía capaz de cualquier disparate…

Dulce de Leche 6

––Debo hacerles una confesión–– Grite, interrumpiendo el momento ––Yo también soy DULCEDELECHE–– Todos me miraron sorprendidos, excepto la esbelta mujer que corrió hacia mí y me dio un par de bofetones, fueron los más fuertes que recuerdo, pero los que menos me han dolido. Acto seguido se fue con la misma celeridad que había entrado. Ahora ya nunca sabré que había pasado, pero no me importó.

Rosy se acercó a mí, era ya toda una mujer, me beso dulcemente en mis amoratadas mejillas. Me excité, ella noto mi excitación, y aun así continuo besándome, ahora en mis labios, con pasión, con mucha intensidad. Al fondo, procedentes de mi habitación, oíamos susurros de amor. Eran el abuelo y la vieja dama que aprovechaban su poco tiempo y mi cama. Rosy y yo hicimos el amor en el sofá, cuando terminamos, y estando los dos muy relajados ella me susurró ––Tu no has chateado nunca ¿Verdad?

Yo, pícaramente, sonreí…

Dulce de Leche 7





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