Yo, Maricón. Artículo de Joan Barril.

Skinheads

Que nadie se equivoque con los 'skins'. Su juventud no exime de su gravedad. Creer que la violencia 'skin' es parte de la bronca generacional es aceptar que unos pocos destruyan la libertad que nos hemos ganado.

Yo, Maricón

Hace unos 10 días dos chicos iban por el andén de una estación barcelonesa cogidos de la mano cuando fueron insultados, escupidos y casi linchados por un grupo de jóvenes. "¡No queremos maricones!". El pretexto de su violencia era la supuesta homosexualidad de la pareja.

Algunos medios de comunicación partidarios del eufemismo suelen calificar a los agresores como "jóvenes de estética skin". Ahí queda eso: el crimen se asocia a la apariencia, en este caso a una mala adaptación de la palabra estética.

Hace muchos años, cuando los padres de esos "jóvenes de estética skin" sólo eran niños de futbolín y niñas de trenzas y calcetines largos, un profesor de la universidad franquista de entonces llamado José Luis López Aranguren fue expulsado de su cátedra de Ética por las autoridades. Aranguren debía de ser entonces un no tan joven de estética demócrata. Poco después, en la Universitat de Barcelona, era un profesor de Estética, José María Valverde, quien por solidaridad con Aranguren dejó su actividad docente justificándolo con un viejo aforismo en latín: "Nulla estetica sine etica", o lo que es lo mismo: no se puede hablar de estética sin un trasfondo moral del ser humano.

Eso es lo que pienso cuando se habla de la "estética skin" para definir a los nuevos bárbaros urbanos. El aspecto no es la estética. Por sus obras violentas se les conoce. Y también por su intolerancia, por su exaltación de la desigualdad, por ser fuertes ante el débil y por ser débiles ante los fuertes. Esa destrucción de la ética de la convivencia que practican los violentos no puede asociarse con la estética. Son sólo un borrón en la escritura ciudadana. Ponerle nombre a un problema no implica resolverlo. Les llamamos "jóvenes de estética skin" y ya todo está medio resuelto. Pues no es así.

Lo skin no es un fenómeno. Los skins son unos criminales. Unos individuos dispuestos a repartir leña hasta la muerte porque es en la violencia donde encuentran su realización. Se trata de una violencia grupal --el skin no actúa jamás en solitario-- absolutamente arbitraria y que se disfraza de signos y palabras con las que intentan apaciguar a lo que ellos creen que es el trasfondo ideológico de la policía. Hay dos errores de base a la hora de afrontar la violencia skin. Primero: los skins son jóvenes. No hay skins de 40 años. En consecuencia el fenómeno es biodegradable. Dejemos que el tiempo haga lo que la policía es incapaz de hacer. Segundo: los skins siempre atacan a colectivos igualmente minoritarios. O sea, si somos personas de la mayoría anónima nada hay que temer. Por ahora.

Ambos argumentos son una dejación de responsabilidades. Incapaces de entender la violencia gratuita, nos consolamos considerando que la violencia skin forma parte de las típicas gamberradas juveniles que no merecen más persecución que un cachete. Los agresores del andén fueron perseguidos, capturados, identificados y dejados en libertad. Demasiada mano floja

Con unos cuantos skins campando por sus respetos todos somos homosexuales, inmigrantes, indigentes, simples ciudadanos, perplejas víctimas de una violencia ante la que ni policías ni jueces saben responder.

Joan Barril.

Nota de la FIG: Mientras buscaba fotos para ilustrar el artículo, encontré una buena muestra de imágenes sorprendentes dentro de páginas "skin". Parece que su empeño en atacar homosexuales sea para "quedarse con la exclusiva".

¿Skins Gays 1?¿Skins gays 2?
¿Skins Gays 3?





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