Contacto Fugaz. Relato de Andrea Glass

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CONTACTO FUGAZ

Un relato original de Andrea Glass



Mordekay Longblum notó ese regusto amargo tan peculiar que siempre sentía al despertar de la hibernación; era desagradable, pero pasaría en una hora y, por supuesto, ya tenía muy asumido que era el precio a pagar para poder hacer realidad el viaje interestelar. Cada vez que salía del letargo inducido recordaba aquellos relatos de Ciencia Ficción que solía leer en su juventud, en los que los autores, carentes de rigor científico, solucionaban los desplazamientos a grandes distancias con cómodos saltos hiperespaciales. Qué convenientes resultaban aquellas fantasías, pero que distinta era la realidad que hacía imposible superar la velocidad de la luz, convirtiendo la aventura espacial en algo destinado exclusivamente a seres solitarios, sin lazos afectivos; pues a la vuelta de cada viaje habría transcurrido casi una vida, mientras que para los viajeros sólo habría sido un corto período.

Evidentemente cualquier conocido anterior al viaje, habría muerto o estaría a punto de hacerlo a la vuelta del mismo, por lo que a los viajeros espaciales jamás se les había conocido relación alguna fuera de su propio círculo profesional. No obstante solían ser poco sociables y bastante inestables, salvo cuando se trataba de hacer su trabajo.Contacto Fugaz 1

Mientras sorbía un preparado iónico para restablecer el equilibrio químico que se había desviado como consecuencia de la hibernación, Mordekay se sentó en el puesto de mando. Como comandante de la nave, a él le correspondía despertar de modo automático antes que el resto de la tripulación. Poco a poco fueron haciendo lo mismo sus compañeros, hasta llegar al séptimo, con lo que se podía dar por concluído el proceso, dedicándose cada uno al cometido para el que había sido entrenado.

- Comienza la maniobra de entrada. - dijo Mordekay al piloto, situado a su derecha.

Jaarom Turphin era un piloto excelente. Esta era la tercera misión en la que servía a las órdenes del comandante Longblum, y en las dos anteriores había demostrado una pericia singular. De hecho la tripulación completa era lo más selecto de la Agencia Espacial de los Estados Federados, pues este viaje no iba a ser como los demás.

Durante mucho tiempo, la Agencia había estado enviando sondas a distintos planetas en los que se había detectado cierta actividad radioeléctrica, para descubrir que se debía a fenómenos naturales que no demostraban en absoluto la existencia de vida, sino un cúmulo de manifestaciones químicas y geológicas que, además, harían imposible la supervivencia. Pero tiempo atrás, una de las sondas enviadas comenzó a enviar datos muy prometedores. No solo la atmósfera y las condiciones medioambientales eran aceptables, sino que se registraba una inusual actividad electromagnética que, si bien no correspondía a ninguno de los patrones conocidos, indicaba un origen artificial que hacía pensar en la existencia de una posible civilización.

Lamentablemente la sonda dejó de transmitir en poco tiempo, como hicieron las otras dos enviadas posteriormente al mismo punto del planeta, pues era tal la extensión de éste, que de haberlo hecho a otro lugar, quizás no hubiesen podido encontrar el menor vestigio de lo que buscaban desde el inicio del programa espacial. Por tanto era necesario enviar una nave tripulada para desentrañar el misterio y para intentar un contacto pacífico con una posible civilización. Y dada la importancia de la misión, los tripulantes fueron elegidos cuidadosamente.

- Hace ya rato que la tengo pogramada, Mordy. - respondió Jaarom, quien anteponía su amistad con el comandante al propio cargo de éste, cosa que Mordekay toleraba pues era su camarada desde los lejanos días de la Academia.

- ¿Tienes localizado el punto de contacto? - preguntó Mordekay.

- ¿Has oído, Puul?, envíamelo. - dijo Jaarom volviéndose hacia el navegante.

Puul Smight pulsó unas teclas en su consola y de inmediato los datos aparecieron en el monitor del piloto. - Ventajas de tener una tripulación tan profesional. - pensó Mordekayal ver como cada uno se anticipaba a las órdenes sabiendo en cada momento lo que debía hacer.

Contacto Fugaz 2Mientras la nave se acercaba a la superficie del planeta, los sensores no dejaban de tomar todo tipo de datos. La atmósfera no era modélica, pero sí respirable; la temperatura y las condiciones atmosféricas eran soportables y, a pesar del gran tamaño del planeta, su pequeña densidad hacía que la gravedad no fuese un impedimento para ellos. De haber tenido una densidad normal, ahora ya estarían aplastados por su propio peso, junto con la nave.

La maniobra se llevó a cabo con pericia, y unos instantes después, la nave se posaba en el lugar elegido, a escasa distancia del punto donde lo hicieron las tres sondas.

- Comiencen prospecciones. - Ordenó el comandante a los otros cuatro especialistas.

Cada uno de ellos se apresuró a ajustar los controles de sus correspondientes equipos, para llevar a cabo un concienzudo análisis de la zona.

La composición química del suelo resultó ser rica en carbono, hidrógeno y otros elementos, unidos en complejas moléculas orgánicas que podían tener origen tanto natural como artificial, pero la enorme variedad encontrada hacía sospechar más bien lo segundo. Además había unas cantidades igualmente enormes de silicio en todas las formas imaginables.

El análisis geológico confirmó los datos y calculó que dicha composición se extendía en todas direcciones alcanzando gran profundidad, por lo que la riqueza mineral sería incalculable. Aunque no se hallase nada más en aquel viaje, este filón justificaría con creces todo el esfuerzo empleado.

El sismólogo, en cambio, no paraba de cotejar datos con gesto de asombro. En todos sus años de experiencia nunca había visto algo semejante.
Contacto Fugaz 3

- ¿Algo va mal? - preguntó Mordekay al percatarse del aparente nerviosismo de Rolfe Turacan. Ya había coincidido con él en otras misiones en planetas inhóspitos, y nunca le había visto alterarse de ese modo, ni siquiera en mitad de un desastre sísmico.

- No lo comprendo, - contestó Turacan - según los instrumentos deberíamos estar en pleno seísmo de escala máxima, pero no hay el menor movimiento. Es como si se produjese a cámara lenta.

- ¿Es eso posible? - inquirió Mordekay sabiendo de antemano la respuesta que recibiría.

- No estoy seguro, pero la densidad de este planeta es tan baja, que quizás esta sea la velocidad normal de propagación de las o­ndas sísmicas.

- ¡Atención!, he encontrado las sondas, - grito Jaaryd Bole - establezco contacto visual.

Las pantallas centrales de la nave mostraron la imagen del exterior. Una panorámica sobre un terreno plano, aunque irregular y lleno de protuberancias, descubrió una superficie negro-azulada sobre la que se apreciaban los restos de lo que en su día fueron las tres sondas, completamente aplastadas. Parecía como si, de repente, un peso extraordinario hubiese caído sobre ellas.

La imagen más cercana de cada una de ellas no hizo sino corroborar la impresión inicial. Lo que antes fueron prodigios de la técnica capaces de posarse en el más inestable de los planetas, diseñadas para resistir casi cualquier cosa, y dotadas de los más avanzados sistemas de medición y transmisión, yacían ante ellos reducidas a sólo dos dimensiones, pues la tercera había desaparecido bajo el peso de algo desconocido.

- ¿Será quizás que el seísmo puede sobrepasar nuestra escala y termina por dañar lo que hay en la superficie? - preguntó Jaarom.

- Lo dudo, - dijo Turacan con seguridad - de ser así, las sondas podrían haber acabado hechas pedazos y esparcidas por toda la superficie, pero están enteras, aunque aplastadas.

Contacto Fugaz 4Tan ocupados estaban en encontrar una explicación lógica al aplastamiento de las sondas, que ninguno se percató de que, poco a poco, una sombra iba cubriendo la zona en la que se había posado la nave. Se movía tan lentamente que era difícil darse cuenta, máxime cuando toda su atención estaba centrada en la posible causa del aplastamiento de las sondas.

Sin embargo, una sacudida de la nave, acompañada de un crujido de la estructura de la misma los hizo volver a la realidad de inmediato.

- ¿Qué ha sido eso? - gritó Mordekay.

Todos se apresuraron a indagar en sus instrumentos, pero fue Jaaryd Bole quien primero lo descubrió.

- Es atrás; mirad - dijo con espanto mientras pasaba la imagen a todas las pantallas.

Lo que vieron hizo palidecer a todos. Algo gigantesco, negro, como un rodillo descomunal estaba casi sobre la nave. Se movía lentamente, pero ya había comenzado a aprisionarla y era seguro que sería aplastada.

- Rápido, abandonen la nave. - gritó Mordekay al tiempo que activaba la señal de emergencia. Era un procedimiento que había que seguir, aunque para ellos resustase inútil, pues entre el tiempo que tardaría en llegar la señal a la base, y el del viaje de una nave de rescate, cuando ésta llegase ya llevarían mucho tiempo muertos.

Jaarom fue el primero en llegar a la compuerta de la nave, y accionó el mando de apertura, pero nada sucedió. Insistió, pero comprendió que el sistema no funcionaría.

- Ayudadme, el control manual, - gritó a los otros - tenemos que abrir esa compuerta.

Smight y Turacan se abalanzaron sobre el volante, pero no consiguieron sino abrir una minúscula rendija, antes de que la parte posterior de la nave comenzase a aplastarse sobre ellos. Parecía como si la lentitud del inexorable movimiento los hubiese contagiado pues ellos mismos parecían no reaccionar; quizás la proximidad de una muerte tan ingrata les había dejado sin fuerzas.

Uno a uno fueron siendo aplastados junto con la nave, entre terribles gritos de dolor. Mordekay seguía sentado en su puesto, esperando el momento e intentando comprender lo que sucedía. El techo de la nave se le acercaba lentamente cuando fue consciente de la solución al problema.

En un planeta tan grande y con una densidad tan baja, tanto la gravedad como las demás fuerzas, serían muy inferiores a las que ellos conocían; es decir, que el movimiento sería lentísimo a sus ojos, aunque normal para los habitantes del planeta. La destrucción de la nave en realidad sucedería en un cortísimo instante, que a ellos les habría parecido eterno. Y lógicamente, las dimensiones de cualquier criatura del planeta serían gigantescas, mientras que ellos mismos serían como una mota de polvo.

Contuvo un grito de dolor mientras sus piernas se reducían a una pulpa gelatinosa y en una última mirada por la escotilla delantera de la nave pudo divisar en el exterior un gran panel azul con unos extraños signos blancos entre los que sólo fue capaz de identificar una flecha. Instantes después moría preguntándose qué diablos significarían esos símbolos.

Si Mordekay hubiese estado familiarizado con una de las caligrafías de aquel planeta hubiese sido capaz de descifrar el significado de aquellos símbolos: "M-30. Paseo de la Castellana".

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