En busca del andrógino voluptuoso. Por Gina Serra. Pierre Molinier fue un artista controvertido. Pintor y fotógrafo discutido, su obra muestra los signos que dejaba entrever su subconsciente atormentado. Murió el 3 de marzo de 1976, a los 76 años. Escribió en la puerta de su habitación: "me llevo mi vida, la llave la tiene el conserje". Con su desaparición, una de las personalidades que más investigó con la fotografía y la identidad individual deja para siempre un catálogo de imágenes muy personal. En 1923 pintaba con los postimpresionistas, pero dos representantes del Dalai Lama cambiaron los rumbos del artista cuando en 1936 le encomiendan una serie de dibujos esotéricos para un templo. Los monjes le dijeron a Molinier que habia sido elegido entre muchos por su fecha de nacimiento, 13 de abril de 1900, de suerte y significado para su credo. Fue un período de revelación, esoterismo y autoerotismo, performances y fotografías retratando cuerpos fetiche, curvas imposibles y contradicciones varias. A mediados de los 50 Molinier jugueteaba en las artes con Andre Breton, Hans Bellmer y Clovis Troulle, quienes motivaban y compartían sus obsesiones y fantasías. Fue entonces cuando acuñó su famosa frase: "Nuestra misión sobre la Tierra es la de transformar el mundo en un inmenso burdel". Molinier fue, en muchos casos, su propio modelo, fusionando travestismo y fetichismo, exhibiéndose con un enorme narcisismo cargado de ironía. El gran desarrollo de sus creaciones da una vuelta de rosca al mito andrógino con una parodia, casi teatral, de los deseos y recelos masculinos. Con su trabajo influenció a numerosos artistas de Viena y Berlin, a los creadores de Image Bank, Michael Morris y Vincent Trasov, a Robert Mapplethorpe, Urs Luthis y otros. Pierre Molinier quiso que su epitafio rezara: "Fue un hombre sin moralidad. En ese empeño logro gloria y honor". Representante de la hipersexualidad desatada, necrófilo, sacrílego, fetichista, travestido, Molinier hace de la pervesion una vía para manifestar su discurso transgresor. Sus pinturas expresan un erotismo violento y canibal: cuerpos crispados y distorsionados que se derivan uno de otro y se acoplan (penetran,succionan) entre sí, en yuxtaposición acróbata, engendros de brazos y piernas tentaculares cuyas oquedades sexuales sugieren la voracidad de una exótica planta carnívora. En su fotografía trata de fundir en uno la dualidad genérica femenino/masculino en una síntesis que conforma un cuerpo andrógino, capaz de saciarse a sí mismo. Ese es el cuerpo ideal de Molinier: aquel en que los dos sexos se confunden. Molinier rechaza la canonización de los generos. Los cuerpos de Molinier estan despojados de todo signo social. Son construcciones (entre el ser y el parecer) espectrales de lo real; cuerpos que fundan una estética híbrida, y que incluso adoptan formas alienígenas y juegan deliberadamente con la ambivalencia sexual. Pierre Molinier es una persona que busca la fantasía del sexo y sobre todo del sexo femenino. Quiere ser diferente y pertenecer a los dos sexos y en sus pinturas y fotografias expresa el placer que siente y la fantasia que en su vida no puede vivir. En su época su conducta se consideraba como la de un depravado o pervertido; un sujeto propio de atencion psiquiátrica o prevención policial. Creo que su transgenerismo no tiene nada que ver con la transexualidad y que el genero sexual es uno de los determinantes de la identidad del sujeto. |