 | Geishas, homosexualidad, travestismo y prostitución "El animal asegura haber sido,hasta pocas horas antes de la toma, una auténtica doncella". Ani Shua. Las geishas, con su rostro blanquecino, sus labios de rojo brillante, sus elaborados peinados y sus hermosísimos quimonos, siempre han tenido un aura de misterio y belleza, que ha despertado el interés de todos los que se han acercado un poco a este mundo tan particular. |
Travestismo en el Japón del siglo XII
Las geishas, tal y como las conocemos hoy en día, son relativamente modernas, ya que las primeras noticias que tenemos de ellas datan de 1700, pero en Japón ha habido mujeres que han realizado labores similares a las de las geishas desde hace mucho tiempo. Las dos primeras predecesoras de las geishas actuales de las que merece la pena hacerse eco son las saburuko, surgidas a finales del siglo VII y las shirabyōshi, que tuvieron su importancia en el siglo XII. Las primeras de ellas, las saburuko (que podría traducirse como “las que sirven”), eran generalmente mujeres sin hogar estable, que subsistían a base de favores sexuales. Normalmente, las saburuko eran de clase extremadamente baja, aunque algunas contaban con talento y buena educación, de las cuales muchas a menudo asistían a reuniones de aristócratas para amenizar las veladas con sus bailes y con sus canciones. En cuanto a las segundas, las shirabyōshi, (cortesanas que adoptaron el nombre del baile que siempre realizaban), surgieron en un momento de grandes cambios sociales, el período Heian, en el que muchas familias aristocráticas se encontraron con problemas económicos. La única manera de sobrevivir para muchas de las hijas de esas familias era convertirse en shirabyōshi. Al ser de buena familia, estas shirabyōshi tenían una educación exquisita y pronto comenzaron a ser muy valoradas por su talento tanto en en la poesía como en el baile. Cabe destacar, como detalle curioso, que estas cortesanas solían vestir con ropas y capas de hombre, y también llevaban espadas, al igual que los hombres. Sus canciones y sus bailes solían ser, además, muy eróticos y parece ser que tenían un efecto altamente excitante entre los hombres. |  |
La prostitución: las chicas del Yoshiwara. Ya en 1589, cuando gobernaba Japón Hideyoshi Toyotomi, uno de sus favoritos, Saburoemon Hara, pidió permiso para abrir un burdel. Hideyoshi le concedió la licencia y se empezó a construir entonces un pequeño barrio cercado por vallas en la zona de Nijō Yanagimachi, en Kioto, siguiendo el estilo de los barrios de placer de la dinastía Ming en China. Este barrio se convertiría en el primero de los barrios de placer vallados de Japón, y su diseño luego sería la base del famosísimo y posterior barrio del placer llamado Yoshiwara, en Edo (la actual Tokio). Yoshiwara abrió sus puertas en noviembre de 1618, aunque no se terminó de completar su construcción hasta 1626. El invento fue un éxito instantáneo y la leyenda dice que el mismo Hideyoshi Toyotomi (predecesor en el gobierno del gran Ieyasu Tokugawa) solía disfrazarse y entrar a escondidas en el barrio. En el año 1641 este primer barrio de placer construido en Kioto fue trasladado al sur de la ciudad, a la zona de Suzakuno, ya que se encontraba demasiado cerca del Palacio Imperial y fue entonces cuando se le empezó a conocer como el “Shimabara de Kioto” (llamado así porque su única puerta de entrada al parecer se asemejaba a la fortaleza de Shimabara, en la isla de Kyūshu). El barrio continuó con sus negocios hasta 1854, año en que sucumbió pasto de las llamas, pero cabe destacar que durante los siglos XVII y los primeros años del siglo XVIII, en la cúspide del Renacimiento japonés, en el período Genroku, fue cuando Shimabara disfrutó de su mayor éxito, prosperidad y fama. Yoshiwara dio la posibilidad de crear otros barrios de placer por todo el país. Surgieron muchos y varios en distintas ciudades (Shinmachi en Osaka, Maruyama en Nagasaki, etc.) pero uno de los más famosos y activos sería Yoshiwara, en Edo (la actual Tokio). La gran mayoría de estas nuevas áreas de entretenimiento nacieron y crecieron a mediados del siglo XVIII cerca de templos sintoístas en Kioto y Osaka. Ofrecían té y entretenimiento a los peregrinos en las ochaya (o casas de té), establecimientos en los que estas mujeres animaban las veladas de sus clientes. Sin duda, estas "animadoras" pueden considerarse hoy las precursoras más directas de las geishas. Sin embargo debemos dejar claro que las geishas, al principio, eran hombres que previamente habían formado parte del grupo conocido como taikomochi (que podría traducirse como "el que lleva un tambor"). Los taikomochi se habían dedicado a entretener a sus clientes con baile, música, charla y, ocasionalmente, sexo. Estos hombres, sin embargo, no cubrían el amplio abanico de actividades artísticas que posteriormente serían una de la señas de identidad de las geishas, y además trabajaban dentro de los barrios de placer, entreteniendo a los clientes en sus banquetes antes de que estos se retiraran a pasar la noche con las cortesanas (o recurriendo ellos mismos a ofrecer favores sexuales, aunque el tema homosexual i el travestismo entre los taikomochi siga siendo hoy en día bastante tabú). El desarrollo de las geishas femeninas estuvo conectado fuertemente con la introducción del shamisen en el período Eiroku (hacia mediados del siglo XVI). Este instrumento de tres cuerdas se volvió extremadamente popular a lo largo y ancho de Japón gracias a que era relativamente sencillo de tocar y era el acompañamiento perfecto a muchas de las canciones populares de la época. A pesar de ellos, fue entre las geishas hombres donde este instrumento más éxito tuvo. En 1753 otro grupo de odoriko, o jovencitas estudiantes de baile que sólo ocasionalmente ofrecían favores sexuales, comenzaron a autodenominarse "geishas", en memoria de las geishas masculinos de los barrios de placer. La primera de ellas fue Kikuya, extremadamente popular y todavía hoy en día recordada por sus dotes artísticas en el baile y el canto. En 1750, Kikuya, una prostituta, se autoproclamó "geisha" y se hizo famosa en el distrito de Fukugawa, en Edo, por sus dotes para el shamisen y el canto. Fue la primera geisha mujer. Así pues, estas prostitutas, bailarinas y taikomochi insistieron en el hecho de que no eran prostitutas, sino artistas, pasándose a llamar geisha y dando lugar a una nueva profesión. El éxito estaba asegurado. Al contrario que las cortesanas y prostitutas de los barrios de placer, las geishas eran mujeres independientes e inteligentes que vivían de sus dotes artísticas y su ingenio, sin estar sujetas a tradiciones que las obligaran a comportarse de una cierta manera. Podían dejar la formalidad a un lado y relacionarse sexualmente siempre que quisieran y con quien quisieran. Vivían en barrios estructurados, pero no vallados, de las ciudades más importantes, de manera que podían ir y venir libremente. Shimabara fue uno de los primeros barrios en unirse a la moda de las geishas y aunque Yoshiwara tardó una década, finalmente sucumbió a la presión. Eso sí, las geishas que trabajaban fuera de los límites de los barrios de placer siempre tuvieron más éxito que las que lo hacían dentro de los mismos. Rápidamente, las geishas femeninas sobrepasaron en número a las geishas masculinos y el término pronto pasó a referirse sólo a mujeres. Con la desaparición de las tayū, además, las geishas se colocarían en el centro de la escena y ya en 1779 las geishas femeninas se habían vuelto tan populares y demandadas que se habían convertido incluso en rivales de las cortesanas, robándoles muchos de sus clientes. Como resultado de todo esto, un propietario de un burdel que estaba preocupado a causa de la amenaza que las geishas suponían para la estructura cuidadosamente regulada de Yoshiwara así como por el hecho de que no pagaban ningún tipo de impuestos, tuvo la idea de registrar a todas las geishas, tanto hombres como mujeres. Este fue el primer kenban o registro de geishas, un sistema de organización y control que todavía sigue vigente hoy en día.  | A partir del año 1800, las geishas hombres dejaron paso a las geishas mujeres, y a finales del siglo XIX, las geishas hombres ya habían desaparecido. Fue a partir de este momento cuando las geishas tal y como las entendemos actualmente se extendieron por todo Japón. Y hacia finales del siglo XIX, vería la luz un nuevo tipo de geisha, cuando el alcalde de Kioto intentó animar a la población y atraer a los turistas con festivales de baile en los que participaban las geishas. Estos festivales, cada uno de ellos posteriormente asociados a un hanamachi (distritos de geishas), fueron los cimientos de un nuevo rol de las geishas que aún hoy poseen: el de "animadora" pública. |
Las geishas hoy Un punto importante a destacar es que las geishas, al principio, eran símbolos de modernidad. Fueron ellas las que marcaron las tendencias de la moda; fueron las primeras que, con la apertura de Japón hacia Occidente, comenzaron a peinarse al estilo occidental, etc., pero a medida que Japón se iba occidentalizando más y más y a medida que surgían las "hostesses", camareras de estilo occidental, que no estaban obligadas ni a vestir de una determinada manera ni a seguir un entrenamiento riguroso en una gran variedad de artes tradicionales, las geishas, para poder sobrevivir, tuvieron que dar un giro a su actitud y se convirtieron en depositarias de las tradiciones japonesas más antiguas. De hecho, es raro ver hoy en día a una japonesa vestida de quimono, y cada día hay menos gente que sepa tocar el shamisen, o realizar apropiadamente la ceremonia del té. Después de la II Guerra Mundial aconteció otro cambio importante en la vida de las geishas. Se promulgaron nuevas leyes que regulaban la prostitución y el entretenimiento, en 1958, lo que supuso el final de varias antiguas costumbres, como por ejemplo la de que algunas familias pobres de pueblo vendieran a sus hijas a una okiya (casa de geishas) o la del mizuage o desfloración de la aprendiz de geisha por un patrono a cambio de una increíble cantidad de dinero. Con la ocupación americana, las geishas vivieron momentos tensos y duros, ya que muchas prostitutas, para atraer con más facilidad a los soldados americanos, comenzaron a autodenominarse geishas, ya que aunque poco se sabía en Occidente acerca de la verdadera naturaleza de las geishas, su existencia era plenamente conocida pero estaba asociada a un tipo de prostitución de gran exotismo. En cierto modo, esta confusión continúa viva en la actualidad, ya que sigue habiendo mucha gente que confunde geisha y prostituta. Hoy en día, por tanto, la vida de una geisha es totalmente diferente a como era en el pasado. Actualmente tan sólo las chicas acceden a este oficio, y lo hacen por voluntad propia. Ser geisha es, en cualquier caso, prácticamente como un trabajo cualquiera. Otro factor que ha contribuido al declive de las geishas ha sido la disminución de la demanda de estas artistas del entretenimiento, tanto hombres como mujeres, aunque en el teatro Kabuki sigan siendo los hombres quienes interpretan los papeles femeninos. A medida que Japón se vuelve más occidental, los hombres prefieren cada vez más las llamadas hostesses o jokyū como compañía, en lugar de las geishas. Esta tendencia no sólo es debida a los precios desorbitados de una velada con una geisha, sino también porque actualmente los hombres se sienten más relajados en compañía de una camarera moderna, ya que las geishas siguen rituales muy elaborados y marcados. El mundo de las geishas puede atraer a chicas con puntos de vista más modernos o contemporáneos, que no tengan como objetivo principal en la vida casarse y tener hijos, ya que la sociedad japonesa sigue siendo, hoy en día, profundamente machista. La mujer sigue relegada a un segundo plano, siendo su función principal la de casarse, cuidar de la casa y crear una familia. El mundo de las geishas, por el contrario, es un mundo claramente femenino y feminista, aparte de estar dominado por una estructura marcadamente matriarcal (aunque no deja de ser irónico que el mundo más feminista de todos se dedique a “servir” a los hombres). Japón es un país orgulloso de su mezcla de tradición y modernidad, pero la presión occidental está haciendo mella en la sociedad. A día de hoy no son muchas las chicas que deciden convertirse en geisha. Menos aún los chicos. Por ello, el mundo de la flor y el sauce, como se suele conocer al mundo de las geishas, parece estar entrando en un estado de fragilidad mucho más real de lo que su estética sugiere.
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