Haciendo Historia
Imaginemos ahora una rápida transición, de las abigarradas callejas de Casablanca a la ondulantes y verdes colinas de Palo Alto. El Stanford Gender Dysphoria Program (Programa de Disforia Sexual) ocupa una pequeña sala cerca del campus en una tranquila área residencial de esta rica comunidad.
El programa, equivalente americano de la clínica marroquí del doctor Burou, ha sido, durante muchos años, el núcleo de los estudios realizados en occidente sobre el síndrome de disforia sexual, también conocido como transexualismo. Aquí se determina la etiología, los criterios de diagnóstico y el tratamiento. El programa se puso en marcha en 1968 y el equipo de cirujanos y psicólogos comenzó a recopilar toda la información disponible sobre la historia de la transexualidad. Hago aquí un inciso para dar un breve resumen de los resultados de esta investigación. Un transexual es una persona que identifica su identidad sexual con la del otro sexo "opuesto".
El sexo físico y la identidad sexual (sex y gender en inglés) son conceptos diferentes, pero los transexuales tienden a difuminar las barreras al confundir el carácter performativo de la la identidad sexual (gender) con la "evidencia" física del sexo, describiendo la percepción que tienen de su situación como la sensación de ocupar "el cuerpo equivocado". Aunque el término "transexual" es de origen reciente, el fenómeno es antiguo. El caso más antiguo de algo inmediatamente identificable como "transexualidad" según los criterios diagnósticos actuales, es el del rey asirio Sardanapalus, que, según las crónicas, se vestía de mujer y paseaba con sus esposas.[2] Casos más recientes de algo muy semejante a la transexualidad fueron recogidos por Filo de Judea durante el Imperio Romano. En el siglo XVIII el Caballero de Eon, vivió durante 39 años como una mujer disputándose con Madame Pompadour la atención de Luis XV. El primer gobernador colonial de Nueva York, Lord Cornbury llegó a EE.UU. desde Inglaterra vestido de mujer de pies a cabeza, indumentaria que siguió llevando durante todo sumandato.[3]
La transexualidad no alcanzó la categoría de "afección oficialmente reconocida" hasta 1980,año en que fue incorporada a la American Psychiatric Diagnostic and Statistical Manual. Como señala Marie Mehl, en cierto se trata de una victoria pírrica.[4]
Antes de 1980 ya se había realizado una gran labor en pos de conseguir definir los criterios para un diagnóstico diferencial. Un ejemplo de la década de los 70 es el trabajo realizado por Leslie Lothstein y contenido en el libro de Walters y Ross: Transsexualism and Reassignment[5]
En su estudio sobre diez transexuales de mediana edad [conuna media de cincuenta y dos años], Lothstein descubrió que los tests psicológicos ayudaban a determinar la gravedad de la patología [sic] [...] y llegó a la conclusión de que [los transexuales como grupo] eran individuos depresivos, aislados, retraídos y esquizoides con profundos problemas de dependencia. Es más, eran inmaduros, narcisistas, egocéntricos y potencialmente explosivos, mientras que en sus intentos de obtener [ayuda profesional] se caracterizaban por mostrarse exigentes, manipuladores, controladores, coercitivos y paranoicos.[6]
Otro ejemplo: En los estudios realizados con 56 transexuales, los resultados obtenidos en los índices de esquizofrenia y depresión superaban el parámetro superior normal. Los autores consideran estos resultados como indicativos del confuso y extraño estilo de vida que llevan los sujetos.[7]
Estos estudios clínicos representaban a un tipo muy específico de sujetos. Sin embargo, los informes se consideraron lo suficientemente representativos para ser reproducidos sin comentarios aclaratorios en recopilaciones como las de Walters y Ross. A medida que leemos los diferentes ensayos, encontramos que cada investigador echa tierra sobre sus resultados con una breve aclaración que nos recuerda a las advertencias en letra pequeña de anuncios de cigarrillos. En el primero la aclaración es siguiente: "Debemos admitir que los sujetos que estudia Lothstein difícilmente podrían considerarse ejemplos representativos, ya que nueve de cada diez casos estudiadossufrían graves problemas de salud" (se trataba de estudio llevado a cabo en un sanatorio, no en una para transexuales), mientras que el segundo cerraba con la siguiente reflexión: "el 82% de [los sujetos] eran prostitutas y tenían características atípicas en transexuales del resto del mundo".[8] Estos resultados podrían considerarse marginales, escogidos según criterios y métodos cuestionables y resaltados mediante ejemplos poco significativos. Sin embargo, pasaron a representar la transexualidad dentro de la literatura medicolegal / psicológica, aún teniendo en cuenta estas aclaraciones, prácticamente hasta nuestros días.
Durante esta misma época, pensadores feministas estaban llevando a cabo sus propios estudios. El tema pronto se convirtió en algo volátil y sigue siéndolo, generando encontrados puntos de vista. Citaré un ejemplo:
La violación... es una violación masculina de la integridad del cuerpo. Todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir sus formas a mero artificio, apropiándose este cuerpo... Aunque normalmente la violación se perpetra a la fuerza, también se puede cometer mediante el engaño.
Esta cita está extraída del libro de Janice Raymond publicado en 1979, The Transsexual Empire: The Making of the She-Male, en el que se inspira el título de este ensayo. Según mi interpretación de Raymond, esta define la transexualidad como la creación de un malvado imperio falocrático, destinada a invadir el espacio de las mujeres y hacerse con el poder que estas ostentan. Aunque Empire es representativo de un momento específico dentro del pensamiento feminista y prefigura la apropiación que derecha radical hizo del lenguaje empleado por el sector liberal de la política, hoy, en 1991, a doce años de su publicación, sigue siendo la declaración definitiva sobre la transexualidad desde el punto de vista de una mujer académica [9].
Para aclarar mi postura con respecto a este debate, citaré otro extracto de Empire:
El comportamiento masculino es característicamente obstructivo. Resulta muy revelador que mujeres lesbianas nacidas de la transexualidad se hayan colocado en posiciones importantes o de poder dentro de la comunidad feminista. Sandy Stone, creación transexual que trabaja en Olivia Records, una compañía discográfica "sólo para mujeres", es un buen ejemplo de ello. La [...] visibilidad que ha logrado a raíz de la controversia de Olivia [...] sólo sirve para constatar que su antiguo papel dominante se ha visto reforzado y para dividir a las mujeres, como suelen hacer los hombres cuando hacen su presencia necesaria y vital para la mujer. Una mujer escribió: "Me siento violada cuando Olivia hace pasar a Sandy [...] por una mujer de verdad. Después de los privilegios que ha disfrutado como hombre, ¿también se va a beneficiar de la cultura lésbica feminista?"
Este ensayo, "El Imperio contraataca" habla de cuentos morales y mitos originales sobre la "verdad" del sexo. Su principio argumental es que "las artes técnicas siempre se han visto como subordinadas al concepto artístico imperante, que se encuentra asimismo anclado de forma incuestionable en la vida de la Naturaleza.[10]" Se trata de la imagen y lo real definiéndose mutuamente a través de las inscripciones y las formas de lectura del capitalismo tardío. Se trata de postmodernismo, postfeminismo y (no sé sí atreverme) (post)transexualismo. Todo este ensayo le debe mucho a Donna Haraway.
"Por su propia seguridad, toda realidad dentro de la cultura del capitalismo tardío ansía convertirse en imagen"[11]
Vamos a centrarnos en las experiencias de los propios transexuales. Durante este periodo casi todos los puntos de vista publicados estaban escritos por transexuales transformados de hombre en mujer. Quiero reflexionar brevemente sobre las narraciones autobiográficas de cuatro transexuales de esta clase para ver qué podemos aprender de su opinión sobre lo que creen que están haciendo. (Me ocuparé de los transexuales mujer-hombre en otra ocasión).