Construyendo y deconstruyendo al macho, Ziggy Email del autor
.: Fecha de publicación 27-Mar-2004 :: Lecturas: 1716 :: Valoración :: Imprimir página actual :: Imprimir todo:.

El Hombre engendra al Hombre.

Esta famosa frase de Aristóteles concierne a la reproducción de la especie humana y pretendía decir, de una forma muy misógina, que es el hombre, el macho, quien transmite, indistintamente al niño o niña, el principio vital de humanidad. Hoy podemos reducirlo a la transmisión del cromosoma Y.

Según los ritos de paso comunes a todas las sociedades, debería ser el genitor, el padre, o cualquier otro hombre (incluso un grupo de hombres) que encarne la imagen de padre, quien finalice el proceso de diferenciación masculina.

Se trata siempre de ayudar al niño para que cambie su identidad femenina primaria por una identidad masculina secundaria.

En el sistema patriarcal, los hombres han utilizado diferentes métodos para conseguir que los niños se convirtieran en hombres: ritos iniciáticos, pedagogía homosexual o confrontación con sus semejantes.

Se trata siempre de una institución que prueba que la identidad masculina se adquiere a un alto precio.

Tienen, por los demás, tres puntos en común:

  • El primero consiste en la superación de un umbral crítico, allá por los alrededores de la preadolescencia. A diferencia de "la mujer, que es, el hombre ha de hacerse". Un proceso educativo parece hacerse necesario.Dicho de otra manera: el hacerse hombre es una fabricación voluntarista y podríamos preguntarnos, como G.Corneau (7), si la masculinidad se despertaría si no se viera forzada a ello en un momento determinado deldesarrollo.
  • El segundo punto en común de las diferentes pedagogías de la virilidad lo constituye la necesidad de aplicar pruebas. La masculinidad se gana al término de un combate (contra uno mismo) que implica muy a menudo dolor físico y psíquico. Tal como señala Nicole Loraux, a propósito de los comienzos de la República romana, "la virilidad se demuestra a cuerpo descubierto (8). Las cicatrices del guerrero testimonian las heridas y la sangre vertida, demostrando su valor como hombre y como ciudadano. El dolor es un asunto de mujeres, y el hombre debe despreciarlo so pena de verse desvirilizado y rebajarse al nivel de la condición femenina". Cabe señalar que este tipo de ritos de iniciación - más o menos variables según las sociedades y los grupos tribales, incluídas nuestra sociedades modernas, con sus ciudades - se realizan siempre con el objeto de reforzar una masculinidad que, sin ellas, correría el peligro de desvanecerse, e incluso de no llegar a formularse nunca.
  • El tercer punto en común de las formaciones de la virilidad tradicional es el papel nulo o relegado de los padres. Casi siempre son chicos mayores u otros hombres adultos los encargados de la masculinización de los más jóvenes. Por otra parte, J. Pleck (9) destaca el contraste entre el papel masculino tradicional, que implica estrechos lazos emocionales entre hombres, y el papel masculino moderno, que supone una disminución, cuando no una carencia, de relaciones afectivas entre hombres.

Así pues, el objetivo de todo este ritual que deberá conducir al ser humano desde su feminidad primaria a una masculinidad secundaria, es la construcción de una identidad de género. En determinadas sociedades - como, por ejemplo, entre los nativos americanos Fox, de Iowa - se considera este proceso "The Big Impossible", siendo tan sólo algunos miembros de la comunidad los que se convierten en hombres, mientras que el resto queda, o bien como mujeres, o bien como una comunidad indiferenciada. No obstante, en la mayoría de sociedades son la totalidad de los mimebros de sexo masculino los que logran o pueden lograr una identificación con el género masculino (según sean los propios parámetros sociales que lo definan en ese colectivo en cuestión).

Este proceso, que produce una inversión del estado femenino primario, se ha venido considerando como una "cirugía radical de resocialización", y se caracteriza por tres etapas:

La primera etapa consiste en la separación física de la madre. La contaminación de los "machos sexuales" por parte del género femenino es una vieja obsesión que encontramos en culturas tan diferentes como la sociedad rousseauniana o los marines americanos. Shakespeare hablaba de ello en el segundo acto de Enrique IV: "the son of the female is the shadow of the male". Así, el ser humano es inducido a decir "ya no soy un bebé".

La segunda etapa marca la transición desde el mundo femenino que hay que abandonar hasta el mundo de los hombres, que debe construírse. Este cambio de identidad social implica un tipo de lenguaje, un patrón de conducta, unas costumbres... bajo esta etapa, el individuo es inducido a pensar "no soy - o ya no soy - una niña".

La tercera etapa implica el sometimiento a algún tipo de prueba que demuestre que el hijo masculino ya está formado. En nuestra sociedad, esta prueba muchas veces es sustituída por algún tipo de reclusión, ya sea para el servicio militar, ya sea en un centro escolar alejado de la familia. Después de esta etapa, se comunica al individuo que ya puede decir "soy como ellos". Aún hoy, las famosas "novatadas" implican pruebas físicas muy duras, acompañadas de insultos que tratan a esos novicios de "afeminados" o "maricones". Homofobia y misogínia forman parte del libro de estilo. Así lo demuestra el dicho de los marines americanos: "para formar un hombre, hay que matar la mujer que hay en él".



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