La adquisición de una identidad de género es un proceso social, psicológico y cultural extremadamente complejo que comporta una relación positiva de inclusíón y una relación negativa de exclusión. Nos definimos a partir de parecernos a unos y de ser distintos a otros (2).
Por este motivo resulta tan interesante analizar el patrón masculino y ver como se ha forjado.
La protofeminidad masculina.
El concepto de "protofeminidad" del bebé recién nacido refiere al contacto del mismo con su madre, primero a nivel intrauterino y, depués, durante los primeros meses de lactancia. Esta protofeminidad del bebé humano es vista de forma diversa según los distintos especialistas, de modo que unos opinan que favorece el desarrollo femenino y dificulta el masculino, mientras que otros consideran que es igualmente ventajosa a ambos sexos.
Fue Stoller quien, refutando la teoría de masculinidad innata propugnada por Freud, utilizó por primera vez el concepto de la protofeminidad masculina. Freud consideraba que la masculinidad era el modo original, natural, de identidad del género en ambos sexos y que era el resultado de la primera relación de tipo heterosexual del niño con la madre y de la primera relación de tipo homosexual de la niñacon aquélla. Un estudio realizado con transexuales masculinos llevó a Stoller (3) a hablar de lo que él consideró eran los peligros de una simbiosis excesiva entre el hijo y la madre: "Cuanto más prolonga una madre la simbiosis -decía-, más se corre el peligro de que se "infiltre" la feminidad en el núcleo de la identidad de género. Es probable - continuaba - que este sea el orígen de los temores homosexuales, mucho más evidentes en el hombre que en la mujer, y de la mayoría de las raíces de lo que denominamos "masculinidad", es decir, la preocupación por ser fuerte, independiente, duro, incluso cruel, polígamo, misógino o perverso".
Según su punto de vista, la masculinidad sería un hecho secundario, creado y,además, algo que podría verse en peligro ante una unión primera y profunda con la madre.
Según Stoller, así como la relación "homosexualizante" entre madre/hija, que se establecería, según él, en primeros meses, sólo puede reforzar su sentimiento de identidad, el hijo debería "esforzarse en negar sus pulsiones protofemeninas".
Según esto, el comportamiento que la sociedad definiría como "convenientemente masculino" estaría elaborado, en realidad, con maniobras defensivas (4). Éstas, serían palpables en determinados comportamientos como el temor a las mujeres, el temor a mostrar cualquier tipo de feminidad, incluidas las que se esconden bajo la ternura, la pasividad o el cuidado a terceros, y, claro está, el temor a ser deseado por otro hombre. De todos esos temores, Stoller deduce que. "la primera obligación que la sociedad impone al hombre es la de no ser una mujer".
Contrariamente a Stoller, que concibe la feminidad primera del hombre como un handicap, la psicólogía actual la considera una ventaja. La simbiosis maternal es benéfica para ambos sexos porque genera sentimientos nutricios, de ternura y de vínculo en el futuro adulto, y porque va asociada a unos comportamientos positivos y cariñosos (5), que serán los fundamentos de las relaciones humanas posteriores. Margarete Mitscherlich va más lejos todavía al sostener que nuestra sociedad es demasiado exigente al pedirle tan temprano al niño que se separe de su madre y que adopte un comportamiento masculino. Porque es gracias a esta identificación con la personaque le alimenta -habitualmente la madre- que el niño logra superar sus angustias y su desamparo. Phyllis Chesler habla de esos chicos tempranamente arrancados de sus madres como de unos "seres desmaternizados" (6). Para estos autores, la relación primera que se establece con la madre constituye la condición misma de la identidad masculina. Si esa relación no es buena o es inexistente, el niño se enfrentará con todo tipo de dificultades para convertirse en un ser humano masculino.