Artículo inicial publicado por Verónica Ventimiglia, que generó la polémica subsiguiente. Aunque es parcial y está lleno de inexactitudes, es importante conocerlo, para poder seguir la respuesta a que dio lugar.
La condena de ser travesti en Argentina
EN ZONA VERDE O ZONA ROJA SERÁ MEJOR QUE CORRAS
Por Verónica Ventimiglia
De la redacción de Agencia NOVA
Sufren la discriminación de una sociedad que los degrada, los humilla y los obliga a vivir en la clandestinidad. La condena de nacer en un cuerpo que no sienten como propio, la condena de una sociedad intolerante, la condena de prostituirse por no poder insertarse en el sistema laboral.
La libertad es uno de los bienes más preciados del hombre. Los travestis viven encerrados en un cuerpo que no sienten propio y que no los representa como quisieran. Sus vidas los enfrentan como persona a una doble sentencia: la de la naturaleza, por haber nacido en el cuerpo equivocado, y la del hombre, por la condena social que se les aplica.
El fenómeno del travestismo se da en ambos sexos, aunque las estadísticas hablan de más hombres que se sienten mujeres que al revés: aproximadamente uno de cada 50 mil hombres se siente mujer, y una de cada 100 mil mujeres se siente hombre.
Mucho se habla sobre si la transexualidad y el travestismo son enfermedades, anormalidades, simple opción, alternativa o tendencia de vida. Algunos la califican como vicios o pecados, otros como una enfermedad psíquica (la vertiente más común) o física.
Se ha hablado también de desordenes glandulares, de desequilibrio entre los hemisferios cerebrales, de la intervención decisiva de un cromosoma, y la lista sigue. Otros prefieren ver a los no heterosexuales como personas normales, con características diversas y con una disconformidad respecto de su identidad sexual.
El sexo se define como la sumatoria de varias cosas: aspectos genéticos, hormonales y anatómicos, psicológicos y socioculturales. Pero la manifestación principal del sexo de una persona es básicamente su conducta.
Travesti se hace, no se nace
Los travestis circulan por un largo camino desde su infancia o adolescencia para llegar a convertirse en la persona que anhelan. Según relata Romina, una traviesa –como ella misma se denomina- hay pasos previos para llegar al travestismo. “Las traviesas pasan por distintas etapas, primero sos transformista, después mariquita y terminas siendo travesti”.
Para comprender mejor estas categorías en las que ellas mismas se encasillan, cabe describir cada uno de las etapas. Los transformistas son quienes se visten de mujer en la noche y se comportan y visten como hombres de día. Las “mariquitas” visten de mujer, a pesar de carecer de los atributos físicos femeninos. Los travestis son quienes visten, sienten y hasta tienen cuerpo de mujer, salvo por sus genitales.
Y por último, el transexual es quien convirtió su sexo físico, por medio de una intervención quirúrgica llamada “vaginoplastía” o “peneplastía”.
Existen tabúes dentro del ambiente travesti. Para un gran número de ellas, la vaginoplastía representa una castración de su aparato reproductor.
Romina, por ejemplo, explica que con la conversión de sexo, “un hombre no sirve más, no se puede reproducir, tengo amigas que se lo han practicado y dicen que si tengo pensado operarme, no lo haga nunca porque es el peor error que puedo cometer. Si te sacan el aparato reproductor, no servís más, lo mismo que si a una mujer le sacan los ovarios, no sirve más. Te dejan sin sensibilidad. Ni loca, me quedo así como estoy, me siento bien”.
La vaginoplastía es el último paso del travesti para convertirse en mujer, pero previamente se practican infinidad de operaciones para lograr el aspecto deseado. Según las alternativas de sus bolsillos, se someten a operaciones en centros médicos, o ante la urgencia de sus necesidades, optan por la inyección de aceites de uso mecánico para simular pechos, glúteos y labios.
Nancy, una de las travestis más requeridas por la clientela platense comenta que “hay chicas que se inyectan, en lugar de siliconas, aceite de avión para lograr el mismo efecto. Se lo hacen las amigas y después tienen problemas cuando se les cristaliza, los pechos les quedan duros, morados, se sacan, se vuelven a poner y les pasa exactamente lo mismo. Algunas están al borde de la muerte porque la silicona o lo que se pongan se les desparrama al resto de los órganos. La silicona supuestamente se inyecta debajo de la piel, pero hay que conocer los lugares donde pinchar, no lo puede hacer cualquiera”.
Romina, relata la cantidad de intervenciones quirúrgicas que debió realizarse para transformarse en mujer. “Yo me hice el cuerpo completo, después de haber juntado la plata me fui a Brasil y me interné dos meses en la Clínica San Pablo. Me opere las piernas, donde tengo siliconas inyectadas de la rodilla para abajo y en la entrepierna. Son siliconas de uso medicinal, me hice la cara completa, los pechos, con prótesis que me las implantaron cortando el pezón. En la cola tengo también siliconas, pero esas son placas”.
Y eso no es todo, en la internación que duró dos meses, Romina comenta que “la primer operación que me hice, fue en la cara y tardó nueve horas. Me hice los pómulos, párpados, nariz, me lime la mandíbula y el mentón, tengo colágeno en los labios. También, me operé los brazos, porque los tenía muy masculinos con muchas venas, y me agregaron piel para que no se notaran. Fue un cambio total, cuando me vi frente al espejo no lo podía creer, por fin era lo que yo quería. Me costó mucho sufrimiento, pero valió la pena. Cuando volví era una traviesa”.
Traviesas: vale todo
Algunos travestis, ya sea por simple elección, por falta de alternativas, por la exclusión del mercado laboral, o por la marginalidad a la que se ven sometidos, encuentran en la prostitución, su fuente de ingresos.
La variada oferta sexual de los travestis encuadra tanto a hombres como a mujeres y parejas como sus clientes. Y así como existen distintas condiciones sexuales para el grueso de las personas, también las hay dentro de esta minoría.
Ellos pueden ser pasivos, cuando sólo son penetrados analmente en una relación sexual, o activos cuando son ellos quienes penetran a su acompañante, pero todo depende de la demanda del cliente y de lo que una traviesa esté dispuesta a ofrecer.
Según explica Romina “hay algunos tipos que dicen, ‘quiero probar con una traviesa para ver qué se siente’, pero a la vez tienen miedo porque en definitiva están acostados con un hombre. Por eso hay una charla previa, yo le explico que si viene a buscar sexo con una mujer, que se quede tranquilo que va a estar con una mujer. Si viene a buscar una traviesa pasiva, la va a tener y si quiere una traviesa activa, también”.
A la hora de las preferencias de los travestis, el panorama es más acotado debido a su atracción por un género sexual definido, aunque atraviesan etapas en las que se sienten pasivos, activos, o ambas a la vez.
Una de las curiosidades para quienes observan el fenómeno desde afuera, es sobre la manifestación de la libido de un travesti, ya que aunque se sienta mujer, no deja de lado su condición de hombre por conservar sus genitales masculinos.
En este sentido, Nancy comenta que cuando se siente atraído por un hombre, jamás podría experimentar una erección de su pene, sino todo lo contrario. “Sentís deseos de ser penetrada, lo que me pasa a mí por ejemplo es que siento la dilatación del ano dispuesto a recibir el miembro de mi pareja”.
En oposición a este caso, hay travestis que están dispuestas a todo, como bien su nombre lo indica, las “traviesas”, se valen de todas las acciones sexuales para satisfacer a sus clientes.
Y es así como también están las traviesas que se disponen a entablar sexo homosexual con quienes acuden a ellas bajo el prejuicio social que implica acostarse con un hombre que tiene apariencia de tal. Lo que esos hombres buscan en realidad es la penetración de otro hombre, que en este caso es un travestido.
Marche preso
El reconocimiento de la igualdad civil de las personas travestis, está amparada en la legislación, tanto internacional como en nuestro país, como por ejemplo la Modificación de la Ley Antidiscriminatoria; la Modificación de la Ley, de Contrato de Trabajo, que prohíbe la discriminación en el empleo; la creación de la Ley de Contrato de Unión Civil entre homosexuales; o el derecho al beneficio de Pensiones por viudez para integrante de una pareja del mismo sexo, por citar sólo algunas de las cuestiones legales que atañe a ésta minoría sexual.
A pesar de estar contenidos en un marco legal, las reglamentaciones para los travestis, son entendidas de acuerdo a la moral de quienes las interpretan. Por eso el derecho a la diferencia no tiene, en Argentina, suficiente protección legal, por el hecho de estar supeditado a la buena o mala predisposición de un juez.
Mientras tanto, la cotidianeidad de cada una de éstas personas se torna casi insoportable por la persecución que deben tolerar por parte de la policía, en los casos más comunes, de la sociedad, de su propia familia o hasta de los usuarios de sus servicios.
Uno de los casos más escalofriantes es el de Nancy que cuenta cómo fue ultrajada por uno de sus clientes. “Una vez fui violada por un cliente que me entregó a tres tipos más. Me golpearon tanto que me sacaron la mandíbula de lugar, me quebraron cuatro costillas, una pierna, me patearon la cara y me sacaron la mayoría de los dientes, me pegaron también patadas en los pechos hasta que me reventaron una prótesis que se me desparramó en el estómago. Me desfiguraron completamente y tuve que operarme la cara de nuevo, estuve internada cinco meses para recuperarme. No sé porqué tanta saña, imagino que estaban drogados”.
La policía, fuerza de seguridad que vela por el bien de la comunidad, no escapa a este fenómeno discriminatorio y violento, lo que convierte en más repudiable la actitud.
Romina, relata que “cuando trabajaba en la calle tenia que pagarle la coima a la policía. En Lanús toda la vida tuve que hacerlo, y cuando no pagaba me llevaban. En la comisaría 8va. de Lanús y la 5ta. de Wilde, estaban los subinspectores Gustavo Ríos y Guillermo Bravo, las dos peores basuras que conocí en mi vida. Me cobraban absolutamente todas las semanas y así y todo, un día que pasaron a cobrarme, me llevaron a la comisaría donde estuve detenida casi 5 horas y fui violada por cuatro de ellos. Cuando me pasaron al calabozo, tuve que tener relaciones con los tres detenidos de la celda, que supuestamente le habían pagado a Ríos para que yo fuera”.
Maldito tú eres
Una sociedad hipócrita como la nuestra, reclama por cuestiones de índole personal como el derecho de cada mujer a elegir o no traer un hijo al mundo en determinadas circunstancias, dejando de lado cuestiones sociales como la aceptación del travesti, del gay, o de cualquiera que no pertenezca a la mayoría.
De este modo se pretende inmiscuir en el derecho de cada uno, determinando que un travesti no es persona apta para estar al cuidado de un chico, teniendo en cuenta sólo su condición sexual.
En este contexto, los reclamos por los derechos de los travestis deberían ser tan enfáticos como las peticiones del no al aborto, ya que en ambos casos se estaría hablando de lo mismo: “personas”.
Ellos merecen, al igual que el resto, ejercer con plenitud sus derechos, y no sentir que su situación, que de por si no es fácil, las condenen a la marginalidad, a la indignidad y a la discriminación social.
Así también, la responsabilidad mayor recaería sobre los legisladores y jueces que son los responsables (unos por crear las normas y los otros por la interpretación que de ella hacen) de reconocerle a estas “personas”, dichos derechos.
No es fácil tratar de comprender estos temas, quitarse los prejuicios, los valores morales, religiosos, y entender que hay personas que no piensan ni sienten como la mayoría. Como comunidad existe la obligación de empezar a entender la responsabilidad de aprender a convivir y a respetar al prójimo.
Sin marcha atrás
"El verdadero nombre de la operación quirúrgica a la que se someten algunas personas para cambiar de sexo, se llama vaginoplastía”, explica el cirujano plástico Fernando Urrutia.
La intervención “consiste en cortar el pene y los testículos para construir una vagina, rehacer los conductos urinarios para no afectar al paciente y éste pueda realizar sus necesidades fisiológicas sin ningún problema”, explica Urritia, al tiempo que advierte que “lo primero que se hace es una serie de estudios al interesado para saber si está apto, tanto psicológicamente como físicamente para aceptar un cambio que será irreversible”.
"En cirugía se habla de reasignación de sexo, ya que no se le asignó un nuevo sexo, sino que simplemente se enfatizó lo que era", explicó el psicólogo Jorge Raíces Montero, coordinador del área salud de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).
El caso más conocido en la Argentina es el de Mariela Muñoz. Nacida e inscripta como Leonardo, se operó en Chile en 1989. Crió 17 hijos, quienes conocieron el sexo "legal" de Mariela recién cuando un juez anuló las partidas de nacimiento de tres chicos que había anotado como propios. Entonces recurrió a los medios para intentar recuperarlos.
Mariela libró una larga batalla para que la Justicia reconociera su nueva identidad. Lo logró en 1997, en un fallo que se basó en la ley antidiscriminatoria, y en la "irreversibilidad" de su situación, tras la operación "donde adaptó su morfología externa a su verdadero sentimiento o sexo psicológico".