Probablemente no existe un ejemplo más dramático de autoridad profesional contemporánea que la cirugía llamada de "cambio de sexo". Los médicos realizan la cirugía estética sin más y sin embargo tienen que certificar que sus pacientes se han sometido a un cambio de sexo. Los tribunales se hacen eco de sus peticiones permitiendo que a los transexuales se les expida una nueva partida de nacimiento en la mayoría de los Estados. Nuestro estudio sobre la cirugía de cambio de sexo1 revela que estos médicos no curan ni el cuerpo ni la mente, sino que en su lugar realizan una función moral. Tras dirigir un rito quirúrgico de iniciación a los médicos se les concede la autoridad moral para promover la transición de un estatus sexual a otro. La aceptación generalizada de la cirugía de cambio de sexo confirma tanto la importancia de la vida diaria y la conciencia de la autoridad profesional como la medida en que muchas formas de desviación se empiezan a concebir cada vez más como "enfermedades" en vez de "pecados" o "crímenes" (Friedson, 1970). Y lo que es más, es curioso notar que el énfasis que la "medicina falocéntrica" (Wilden, 1972: 278) concede a la presencia o ausencia de pene como la insignia definitiva del género pone en cuestión las ideas del movimiento de mujeres y el empuje intelectual de las ciencias de la conducta, que afirman que la anatomía no define necesariamente el destino. La cirugía de cambio de sexo privatiza y despolitiza las experiencias individuales de los desequilibrios en el rol de género.
Demostramos que la transexualidad es una realidad socialmente construida que sólo existe en y a través de la práctica médica. El problema del paciente transexual no reside "en su mente", como señala el defensor del cambio de sexo John Money (1972: 201). Las afirmaciones de Money ejemplifican la reclasificación que efectúa la medicina de la transexualidad como entidad psicológica. Por contra, nosotros pensamos que la transexualidad es un proceso relacional que se apoya en la práctica médica y es una mercancía que se vende a un público según describe Money (1972: 204) como la "amable luz" de la realización sexual a la que se puede acceder mediante la cirugía. La legitimación, racionalización y mejora de las condiciones en que se realizan las operaciones de cambio de sexo han originado una nueva categoría de identidad transexual para un grupo diverso de desviados sexuales y víctimas de un desequilibrio grave en el rol de género.