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Mitos y Estereotipos Aquí hay algunos ejemplos de mitos y estereotipos de la transexualidad perpetuados en el DSM y en la literatura médica que no están respaldados por investigaciones, o que describen inadecuadamente a muchas personas transexuales: - La Madre Superprotectora
- La Infancia Afeminada
- El Organo del Odio y del Disgusto
- El Travestido Oculto
- El Travestido Fetichista
- El Travestido Masoquista
- El Travestido Viejo
- El Transexualismo Espontáneo
- El Homosexual Transexual
Las dos primeras teorías que cargan la "culpa" sobre la madre [Stoller68] son reminiscencias de aquéllas que, en el pasado, se aplicaron sin éxito a los hombres homosexuales [Stoller73, Zucker95]. La mayoría de las personas transexuales no odian necesariamente sus genitales [Bornstein94, Bolin88], y los candidatos para cirugía de reasignación, de hecho, necesitan esos tejidos para la reconstrucción de los nuevos. El Travestido Oculto [Brown95] representa el papel de víctima y se refiere a los travestidos que sufren discriminación, o cuyas prácticas se ven influidas por el riesgo de "ser descubiertos". La presunción de que el uso de ropa del otro género por parte de personas no transexuales constituye una desviación sexual está implícito en el propio nombre: Travestismo Fetichista. Esto y la asociación común del Masoquismo Sexual con las expresiones de género cruzado [Zucker95] han exagerado el significado del sexo en el género y han trivializado el papel de la expresión social. Se ha dicho que la motivación sexual es desplazada por la disforia de género en el modelo del Travestido Viejo [Wise80], cuando más bien tiene que ver con la auto-aceptación y con un aumento de la libertad de expresión. Finalmente, las sugerencias que favorecen a los candidatos con inclinación heterosexual para la reasignación quirúrgica [APA94] merecen una revisión. Malestar, Incapacidad, y el Papel de la Intolerancia Social Micheal Lewis, autor de Shame, the Exposed Self (Vergüenza, el Yo al Desnudo), define la vergüenza como un fracaso de la propia percepción en el cumplimiento de los estándares auto-impuestos y una atribución global de ese fracaso al Yo total [Lewis95]. Esto ocurre a una edad sorprendentemente temprana, entre 18 y 36 meses, cuando los niños interiorizan los valores de la sociedad que los rodea. Mientras no pertenecen específicamente a grupos marginados socialmente, las observaciones de Lewis explican muy bien la experiencia de un desarrollo oculto. ¿Son el malestar, la depresión y la ansiedad, atribuidas por la literatura médica a la expresión del género, consecuencias razonables de una vergüenza inmerecida? ¿Cuáles son las implicaciones de enmascarar el espíritu? Consecuentemente, ¿cuáles son las implicaciones de enmascarar el cuerpo para adaptarlo a la propia identidad? Dado el pesado estigma asociado con la Identidad de Género cruzada, ¿es posible que la expresión sexual sirva de recurso defensivo, representando negación o desacuerdo? ¿Explicaría esto la comunmente descrita etapa de Travestismo Fetichista [Bradley91, Wise80] más adecuadamente que el desarrollo espontáneo de la transexualidad en una edad avanzada? Una vez más, el DSM omite la distinción entre el malestar inherente y el impuesto socialmente, independientemente del modo en que se presenta. Consideraciones Socio-Culturales La Antropóloga Anne Bolin ha señalado lo provinciano de la investigación sobre el género dada la ignorancia que los protocolos médicos deparan a los hallazgos socio-culturales [Bolin87]. Hay precedentes históricos sustanciales que refuerzan la rigidez de los roles de género por parte de la clase médica. Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XX, las mujeres que excedían los límites del conformismo de género exigiendo derechos civiles y el derecho al voto, fueron desacreditadas y a menudo internadas con el diagnóstico de "histeria" [Mayor74]. La Homosexualidad, como se explicó antes, fue clasificada como enfermedad mental hasta 1973, por representar una violación del rol de género "adecuado". En el corazón de los actuales protocolos médicos está la presunción del esencialismo del género, perpetuando la doctrina de los dos sexos, inmutables, y determinados por los genitales. Un número creciente de literatura que considera el género una construcción social, y no un imperativo biológico [DeBeauvior52, Kessler78, Butler90, Garber92, Lorber94], ha sido inexplicablemente ignorado. Otras consideraciones sociales incluyen el excesivo poder de los psicoterapeutas de transexuales y la validación de los propios médicos [Bolin88]. Un terapeuta que actúe como la llave que abre la puerta a la posibilidad de tratamientos hormonales o quirúrgicos, detenta un poder absoluto sobre un cliente transexual. Esto daña la relación terapéutica, dejando al cliente poca motivación para una expresión honesta [Blanchard88], y crea una visión distorsionada de la transexualidad por parte de los psiquiatras, que se refleja en los actuales protocolos médicos. Finalmente, los propios médicos y los investigadores tienen un claro interés en el mantenimiento de las actuales categorías diagnósticas, que están diseñadas para dotar de respetabilidad el trabajo con los temas de Identidad de Género [Pauly92], y legitimar su asociación con las personas transexuales [Bolin88]. Precedentes Interculturales de la Diversidad de Género La investigación socio-cultural ha desvelado una creciente lista de diversidad en los roles de género entre muchas culturas [Bolin87, Bullough93, Williams86]. Algunos ejemplos incluyen: - Tradiciones de Espíritu-Dual entre los Nativos Americanos
- Los Navajo Nadle
- Los Lakota Winkte
- Los Corazones Varoniles de los Pies negros del Norte
- Los Mahu de Tahití
- Los Sekrata de Madagascar
- La Sectas Tántricas Hindúes y los Hijra
- Las tradiciones Islámicas Xanith, Khawal, y Sufí
- Los Castrati europeos
Estos eran roles sociales aceptados, y a menudo altamente respetados, en los que las variaciones y fluidez del género eran consideradas una actitud normal de la vida humana. ¿Vamos a decidir ahora que todas esas personas estaban mentalmente enfermas? Resumen Nuestro examen de la actual clasificación del Travestismo Fetichista y de los Trastornos de Identidad de Género ha revelado preguntas significativas con respuestas molestas. Creemos que existe una amplia evidencia para revisar la política de patologización con un diálogo razonado, en el que se incluya a la comunidad transexual y a investigadores socio-culturales, y que abra la posibilidad de que la diferencia no es una enfermedad, el inconformismo no es una patología, y que ser único no es un grave mal.
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