El mito de Tiresias, mencionado antes, tiene cierta similitud con una vieja historia de la antigua tradición de la India. Según el “Mahabarata”, el poema épico más extenso del mundo, el rey Bangasvana fue transformado en mujer por Indra, tras bañarse en un río mágico. Como mujer parió a cien hijos a los que envió a compartir su reino con los cien que había tenido como hombre. Después se negó a ser convertida de nuevo en hombre, tras constatar las sensaciones y placeres del sexo femenino. Contrariamente al destino de Tiresias, al rey transformado se le concedió su deseo.
El "Mahabarata" nos cuenta también la historia de Amba, una mujer que quiso tener un pene inmenso, y después de largos años de penitencia y difíciles experiencias con el Yoga, logró dejar de ser mujer y se transformó en hombre. Por el poder de su mente y por la energía mística del Yoga obtuvo su deseo. Se transformó en Sikhandi, uno de los guerreros más famosos de India, luchó contra Bishma y al final, murió como mueren los hombres.
Otra interesante referencia transgenérica alude a Brahma, una deidad que no era capaz de crear mujeres, por lo que su hijo Rudra se convirtió voluntariamente en Ardhanarishwara, cuya mitad derecha era masculina, mientras que la izquierda era femenina. Posteriormente, para agradar a Brahma, se dividió, y así surgió la diosa Sati, conocida como "la Real", por ser la manifestación de la verdadera esencia de Rudra.
En una de las muchas historias populares asociadas con Bahucharaji (patrona de las hijras venerada en Gujarat), la diosa fue una princesa que castró a su esposo porque él prefería ir al bosque a comportarse como una mujer, que acudir junto a ella al lecho nupcial. En otra historia, el hombre que intentase forzar a Bahucharaji sería maldecido con la impotencia, y sólo se le perdonaría si renunciaba a su masculinidad, se vestía como una mujer y adoraba a la diosa.
No son extrañas tantas referencias en la mitología hindú, ya que el sánscrito tiene una palabra, "kliba", que a lo largo de diferentes textos Vedas ha servido para describir a los individuos que no podían considerarse estrictamente hombres o mujeres. Las palabras siempre surgen cuando la Sociedad las necesita.
En las culturas de la antigüedad indo-europeas la manifestación transgenérica se continuaba concretando dentro del ámbito religioso: se captaban hombres para convertirlos en adeptas de una divinidad (habitualmente relacionada con los ritos de la fertilidad y la vegetación), se las castraba en un ritual, se las vestía con ropas femeninas y se convertían en sacerdotisas de dicha divinidad. Ésas eran mujeres muy respetadas que vivían de las limosnas de los devotos o ejercían la prostitución. Era el caso de las hijras, Ihoiosais o pardhis de la India. En la actualidad la figura de la hijra continúa existiendo.
A mediados del siglo XX, en la ciudad india de Lucknow, una gran cantidad de hijras acudieron a votar en las elecciones haciendo cola en la fila de las mujeres y sorprendiéndose de encontrar sus nombres entre los votantes masculinos. Sólo después de mucha insistencia por parte de la policía, accedieron a cumplir la ley que se les imponía. Aunque las hijras se suelen resistir a someterse a intervenciones que mejoren su aspecto femenino, sí se prestan a una en la que se les amputan sus genitales masculinos, y el área púbica se reforma para darle la apariencia de una vagina. Esta intervención se lleva a cabo en una ceremonia a la que sigue una gran fiesta a la que sólo pueden asistir hijras.
Existen numerosos legados de la Grecia antigua y de Roma sobre personas que no aceptaban la imposición de género en el nacimiento. Filón, el filósofo judío de Alejandría, escribió "Dedican toda la atención posible a su adorno exterior, y ni siquiera se avergüenzan de emplear cualquier método para cambiar su naturaleza artificialmente de hombres a mujeres. Algunos de ellos, buscando una transformación completa como mujeres, han llegado a amputarse los genitales".
El poeta romano Manilio escribió: “Siempre irán pensando en su estrafalaria vestimenta y su imagen; rizarse el pelo en ondeantes mechas... pulir sus hirsutas piernas... ¡Sí! Y odiarán su propio aspecto masculino, soñando con unos brazos sin vello. Visten como mujeres... caminando con paso afeminado”.
Un verso popular romano se traduciría así:
¿Pero qué es lo que esperan?
¿No es ya hora de intentar
lo que los Frigios hicieran
y el trabajo terminar?
Así que un cuchillo cogieran
y esa carne sobrante cortar.
Incluso en la historia de los emperadores romanos hay datos de varios intentos de cirugía transexual. Las técnicas quirúrgicas y el instrumental eran muy similares a las que conocemos hoy día, y hay manuales de cirugía obra de Galeno y sus asistentes, que describen con bastante precisión algunas intervenciones sorprendentes para la época.
Probablemente la primera operación de "cambio de sexo" documentada date del año 66 de nuestra era. Parece ser que el emperador Nerón, en una de sus borracheras, tras un ataque de rabia propinó una patada en el vientre a su esposa Popea, que estaba embarazada, causando su muerte. Lleno de remordimiento, trató de encontrar una sustituta e hizo que buscasen por todo el imperio a alguien que fuese el vivo retrato de su amada. Así apareció un joven ex-esclavo, Esporo, cuyo parecido con Popea era notable. Nerón hizo que le transformasen quirúrgicamente en mujer, le cambió el nombre por el de Esporo Sabina, y la mostró durante un año por todo el imperio, hasta que contrajeron matrimonio en el año 67 en Corinto, con el prefecto del pretorio Tigelino como testigo de la novia. Un año después se suicidaron juntos cuando, tras ser declarado Nerón "enemigo del Estado y traidor a la Patria", las tropas del general Lucio Servio Sulpicio Galba entraban en Roma para detenerle.
Otro emperador romano, Heliogábalo, un joven de origen sirio que fue nombrado emperador en el año 218, cuando contaba catorce años de edad, se casó sucesivamente con cuatro mujeres en los dos años siguientes, antes de hacerlo con el esclavo Hieracles en el año 221. Con frecuencia Heliogábalo se vestía de mujer y se ofrecía como prostituta en la puerta de los templos, para provocar a la sociedad romana, cosa que también hizo al casarse con la segunda de sus esposas, Julia Aquilia Severa, una virgen Vestal; pero las provocaciones no habían llegado aún al límite.
En el 222 ofreció una fortuna al médico que pudiese operar sus genitales para convertirle por completo en mujer, con la intención de nombrar emperador a Hieracles, convirtiéndose así en emperatriz. Esto ya fue demasiado para la guardia pretoriana que, instigados por su propia abuela Julia Maesa, nombraron emperador a su primo Alejandro, tomaron al asalto el palacio y asesinaron a Heliogábalo, cuando estaba en las letrinas, junto a su madre Julia Soemias, tanto o más detestada que él mismo. Sus cadáveres fueron arrastrados por las calles de Roma y arrojados al río Tíber.
Durante el primer cristianismo también se dio la castración por cuestiones psico-religiosas (había hombres que se castraban para no pensar en el sexo). Este fue el caso, en el año 232, de Orígenes cuando fue ordenado presbítero. Tan pronto como su obispo supo de su nombramiento, corrió a enviar un mensajero para prohibir a Orígenes ejercer su cargo aduciendo que era un hombre castrado, cosa que había hecho en su juventud, interpretando literalmente un consejo de los Evangelios, “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda” (Mateo 19, 12).