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Varas de distinto rasero

Artículos / Protesta
Fecha: 15 May 2004 - 12:28 PM

Un incidente desagradable que tuvo lugar el pasado jueves en el programa "Crónicas Marcianas", demostró la bajísima estofa moral que tienen los personajillos que por allí pululan.

Pero también demostró cómo la acción decidida de los afectados por los ataques y las burlas del programa de marras, empieza a causar sus efectos. Es una situación curiosa que abre unas perspectivas interesantes en la defensa de los ataques a los colectivos más desfavorecidos.
Aída en Crónicas Marcianas



La historia se originó cuando Aída Nizar, en una demostración más de soberbia, quiso celebrar su cumpleaños en "olor de multitudes", pretendiendo obtener el calor y el apoyo del público presente. Pero uno de los asistentes al programa expresó su opinión negándose a besarla, en una clara muestra de rechazo a entrar en ese juego absurdo.

Aída, haciendo acopio de toda su prepotencia, y pretendiendo ser "graciosa" le espetó "Bueno, ¿sabes? Dios da a cada uno lo que se merece". El hecho no hubiese tenido importancia de no haber sido porque el joven a quien Aída se dirigía, estaba sentado en una silla de ruedas.

Naturalmente la reacción del público no se hizo esperar, y Sardá balbuceó un "Aída, eres una hija de puta", antes de pasar a publicidad. Al día siguiente el programa abrió con las disculpas de la dirección por el incidente y con la noticia del fulminante despido de la agresora.

Desde su irrupción en el panorama mediático, Aída no ha hecho más que demostrar su calaña mientras presumía de cualidades, innatas o adquiridas, de las que carecía. A lo que ella llama "clase" es a lo mismo a que se refieren algunas "señoritas de compañía" para significar que no mastican con la boca abierta, ni se sientan en una banqueta de una barra con las piernas abiertas.

A la supuesta letrada, a quien se ha pillado varias veces en renuncios que acabaron por demostrar la inexistencia de su titulación; y a quien sus manifestaciones y respuestas han evidenciado que los libros no han sido frecuentes en su vida, se la veía venir de lejos; y sólo el hecho de frecuentar mesas con otros contertulios de aún más bajo nivel cultural, la hacían parecer ilustrada a los ojos de mucha gente.

Pero todo tiene su límite, y ha llegado.

Lo malo es que eso haya sucedido unos días después de haberse hecho pública una demanda contra Sardá y contra el programa, por hechos de una gravedad parecida (ver noticia), y no antes, cuando llevamos años de desplantes, burlas e insultos a varios colectivos con los que se han ensañado (entre ellos, el colectivo transexual).

Que ahora van a utilizar el despido de Aída como una demostración de su espíritu integrador y de su talante en contra de los intolerantes, es algo obvio; pero no es cierto que ese espíritu esté en la dirección del programa, ni en el sentir de la mayoría de quienes se sientan en esa mesa, mucho más preocupados de su cuenta corriente que de los seres humanos a quoienes denigran.

De haber sido así, si lo de ahora no fuese una pantomima, y una justificación; jamás se hubiese producido la demanda a que me refería, pues aquel incidente no habría tenido lugar, o la reacción del programa hubiese sido tan fulminante como la que ahora han demostrado. Pero no fue así, y aquella familia tuvo que recurrir a la vía de los Tribunales.

Me pregunto qué hubiera pasado si el jueves, Aída hubiese ofendido a una persona transexual, teniendo en cuenta que el programa aún no ha sido demandado por transexuales, y hay quien ha cobrado por prestar su imagen al escarnio público; aunque en algunos casos no sean conscientes de que fueron objeto de burla, y piensen (y digan) que su presencia en el programa fue respetable y positiva para la imagen del colectivo, cuando sólo lo fué para su propio bolsillo (como tantas y tantas veces sucede).

Ya lo dijo Plauto: "Homo Homini Lupus".



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