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Carta abierta a una compañera cubana

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Fecha: 29 Oct 2004 - 10:25 PM

Ésta es una carta abierta, solidaria pero sobre todo cálida, dirigida a una mujer transexual cubana. De sus vivencias y problemas hemos sabido directamente a través de un conciudadano y amigo suyo, que esta misma tarde del viernes 29 de octubre nos visitó en nuestra reunión semanal. Cuba

Conocedoras de la dura realidad de las mujeres transexuales cubanas, del acoso policial que recientemente se ha recrudecido en su contra, y de su consiguiente aislamiento personal y social, ésta es nuestra modesta contribución a su necesidad de comprensión y apoyo.



Querida Angélica:

Tu amigo cumplió con su promesa. Nos visitó esta misma tarde para comunicarnos tu llamada compañera y hablarnos de tu situación. Me complace mucho dirigirme a ti para expresarte nuestro sentimiento de solidaridad, apoyo y mejores deseos de bienestar, tanto en el presente como en el futuro.

No se trata de preguntarnos ahora si es más duro ser transexual en un país o en otro. La transexualidad es difícil siempre y en el mejor de los casos. Sí que hay lugares donde te lo ponen más difícil aún y te castigan por ello, otros donde puedes llevar al menos una vida medianemente tranquila. En realidad, pedimos bien poco: vivir en paz, porque no hemos hecho daño a nadie, y no nos hace falta que nos premien o ensalcen por nada. Todo nos sobra menos un pequeño lugar bajo el sol, que es de todos.

Nuestro peor enemigo es la soledad, el aislamiento y la cruel represalia por ser mujeres diferentes. Porque mujeres somos, sin duda, como los son nuestras madres, hermanas y vecinas, sólo que jamás tendremos el consuelo de ser madres, y a menudo ni siquiera nos reconocen como ciudadanas libres y honradas.

Sí, Angélica, sé lo que estas pasando. Lo sabemos todas, y todas te brindamos nuestra mano convencida y abierta. No desfallezcas, porque aquí estamos y estaremos, diciéndote adelante y vive feliz a pesar de todo y todos. No estás sola, y algunas llevamos años dedicando nuestra vida a luchar por un mundo mejor. Mientras sepamos que eso es lo que debe ser, nadie podrá arrebatarnos nuestra esencia: quizá nacimos en apariencia varones, pero no podrán impedirnos morir mujeres.

El Che nos lo dijo bien claro: "Antes morir de pie que vivir de rodillas". Así es y será, porque somos supervivientes, y ningún representante del poder establecido nos podrá cuestionar nuestra decidida voluntad de existir dignamente. Quien lo haga, sencillamente, no es persona digna.

Con todo nuestro cariño,

Olga Baselga
Vicepresidenta de la FIG.




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