 | La pelota está en su tejado, aunque quizás no fuese eso lo previsto; parece una jugada de la Armada, que puede acabar por darse la vuelta.
Lo que en principio puede parecer un gran logro y un hito en la lucha por los derechos de las personas transexuales, puede convertirse en una pesadilla y un terrible paso atrás con mucha facilidad. Con demasiada facilidad y dependiendo exclusivamente de la decisión que tome María del Mar, quien, lo quiera o no, se ha convertido en representante de un colectivo, que será observada con lupa, y que en buena lógica se acaba de condenar a anteponer el interés general al suyo propio. La clave está en si será capaz de cargar con esa responsabilidad. Veamos las opciones: |
La primera es que una vez que se le ha concedido lo que pidió, continuar en la Armada con su género reconocido, sea coherente con ello y renueve por dos años, actuando del mismo modo que lo podría hacer cualquier mujer que acceda al servicio en el destino al que sea enviada. Naturalmente eso implica someterse a las normas y disciplina del propio cuerpo naval, al igual que hacen otras chicas.
La segunda es no renovar y dedicarse a otra cosa (ya manifestó sus deseos de ser "famosa"), lo que sería una bofetada al colectivo, ya que la opinión pública recibiría, una vez más, el mensaje de que las personas transexuales no somos equilibradas ni serias, ni se puede confiar en nosotras para un empleo convencional. Es lógico que quede esa idea si después de armar ruido y salir en la tele pidiendo algo, cuando lo conceden lo despreciamos para salir más aún en la tele.
La tercera, aún peor, sería la de aceptar el destino y aprovechar la fama adquirida en el proceso, para cumplir su sueño mediático, lo que puede ser incompatible con su puesto, o si no lo es, sin duda vuelve a ser una bofetada, al demostrar la falta de seriedad de alguien que parece luchar por unos derechos que luego desprecia a cambio de una dosis de efímera y vacua telepopularidad.
Este comentario no pretende ser negativo, pero sí poner de manifiesto algo que puede suceder. No depende de quien lo escribe, ni de quien lo está leyendo. No depende de los mandos de la Armada ni de la opinión pública. Depende sólo de María del Mar, y no será fácil, pues los cantos de sirena van a sonar muy fuerte.
Y en la posición en la que ella misma se ha puesto, no vale ahora justificar lo que haga con la excusa de que también tiene derecho a su propia felicidad, pues al convertirse en abanderada de una causa, lo acepte o no, ha postergado ese derecho. Está por ver si resistiá o sucumbirá, en cuyo caso su beneficio personal sería nuestra desgracia.
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