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Gracias, Isabel Holgado Fernández

Artículos / Observatorio
Fecha: 24 Ago 2005 - 10:01 AM

En la sección de Cartas de los Lectores de El Periódico de Cataluña en su edición del 24 de Agosto, hemos leído la que envió Isabel Holgado Fernández, demostrando una sensibilidad de la que carecen otras personas que, por sus circunstancias personales deberían tener.

Este es el texto íntegro de la carta:

SOCIEDAD
Falta de solidaridad
Isabel Holgado Fernández
Barcelona

Caminaba por la calle del Hospital cuando vi a una persona transexual respondiendo, indignada, a los insultos (maricón y otras florituras) de una persona paquistaní. Justo enfrente, dos bomberos reían y asentían dicho trato vejatorio. Nadie reaccionó; la gente miraba para otro lado o reía, como los bomberos. Me dirigí al paquistaní, conminándole a disculparse, y él me contestó que me metiera en mis asuntos. También llamé la atención a los bomberos, pero se escudaron en que con ellos no iba esa vaina. Y regresé a casa, herida en mi humanidad y avergonzada de ser parte de esta sociedad cobarde, recordando que más atroz que las acciones de la gente mala es el silencio de la gente buena.

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El inmigrante paquistaní al que se refiere, que ha encontrado acogida en España, y que disfruta de beneficios (ayudas, sanidad pública, etc.) a los que no tenía acceso en su propio país, se permite insultar a una persona que no tiene tantas facilidades (hay personas transexuales españolas sin tarjeta sanitaria), mostrando la misma actitud que adoptaría en su tierra (Pakistán no es precisamente un paraíso de la tolerancia), despreciando los usos y costumbres del estado que le ha acogido, y vejando a ciudadanos de ese país que tan generoso ha sido con él mismo.

Los bomberos, como funcionarios públicos, se deben a TODOS los ciudadanos, y "esa vaina" va con ellos doblemente, en su calidad de funcionarios, y en la de personas. Ya pasaron los tiempos en los que cualquiera que llevaba uniforme se creía con derechos superiores a los demás, y disponía de patente de corso para pisarlos.

Aunque nos consta que esos comportamientos siguen siendo habituales entre muchos funcionarios y miembros de los cuerpos de seguridad. En esta Fundación tenemos conocimiento de denuncias por tratos vejatorios y discriminatorios a personas transexuales que han sido recibidas en las comisarías pero no se han cursado ni registrado, para simular que se tramitaban, pero sin hacerlo realmente.

Compartimos el sentimiento de tristeza de Isabel al constatar como la sociedad se muestra cruel con sus acciones o con su indiferencia hacia los colectivos a los que discrimina.

Pero no debe sentirse avergonzada. El hecho de haber actuado como lo hizo en aquel momento, y haber continuado preocupada hasta enviar la carta al diario, para transmitir sus emociones, la hacen mejor persona que la que ella llama "gente buena".

Personas como Isabel hacen que renovemos nuestra esperanza en que un día las cosas cambiarán, y quienes nos humillan, insultan y hacen que nuestras vidas sean más difíciles llegarán a ser una minoría.

Gracias, Isabel.




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